Se recomienda a las madres, padres, hermanos y/o cuidadores evitar la transmisión de bacterias de su saliva a la boca del niño, minimizando hábitos tales como: compartir utensilios con el bebé (cucharas, cepillos dentales), limpiar el chupón con su saliva, soplar sobre la comida o dar besos en la boca, al menos durante los primeros años de vida.
5. Alimentación cariogénica
La CIP está estrechamente asociada con un consumo frecuente de carbohidratos fermentables. Cualquier tipo de azúcar consumido con frecuencia, en presencia de SM, puede ocasionar caries. Mientras mayor sea la frecuencia del piqueo o bebidas entre horas, mayor el potencial de desmineralización y mayor el riesgo de caries.
Por ello, se aconseja evitar toda fuente de azucares refinados durante los primeros dos años de vida, cuando el niño es más susceptible a establecer un proceso virulento de caries. Se debe informar y sugerir a los padres que eviten “azúcares ocultos” (leche chocolatada, galletas, bollería, jugos industriales, pan de molde o pan blando, patatas fritas embolsadas, refrescos de cola, etc). Se desaconseja de manera especial los azúcares entre comidas y los de consistencia pegajosa. Las recomendaciones actuales de una dieta saludable son compatibles con las sugeridas para mantener una buena salud oral, incluyendo la reducción de azúcares y su reemplazo por alimentos sanos como: queso, trozos de frutas y verduras crudas, pan integral, tortitas de maíz, yogurt natural, frutos secos; huevos duros, etc.
6. Higiene Oral
El factor clave para la prevención de la CIP es el hábito de higiene oral diario. Mientras más temprano se empiece con la higiene oral, menores las probabilidades de que el niño desarrolle caries. Los padres deben tener la información de cómo y cuándo empezar con la higiene bucal. Debe quedar claro que el cuidado de la boca de su hijo es responsabilidad suya, al menos hasta que el niño adquiera la habilidad motora suficiente. Se considera que el niño es autónomo a partir de los 7 – 10 años y a partir de este momento y hasta la adolescencia, es recomendable una supervisión en el cepillado nocturno.