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En nuestra clínica: unas gafas con ‘truco’ que ayudan a lo niños a ir al dentista

Entre las nuevas técnicas para superar el miedo al sillón del dentista encontramos desde los pijamas de dibujos de las clínicas de odontopediatría a las gafas de realidad virtual para ver películas

A casi nadie le gusta ir al dentista, y a los ‘peques’ menos que nadie. Desde el miedo al ‘pinchazo’ de la anestesia a los ruidos de la fresa, ir a una revisión puede convertirse en una fuente de ansiedad para los niños, especialmente desde que se concierta la cita y hasta que por fin se enfrentan al temido sillón. Las clínicas de odontología han ido intrudiciendo con el paso del tiempo maneras de hacer este trago más fácil a los niños, primero adaptando las salas de espera de las consultas para recibir a sus pacientes más pequeñines y que se sientan como en casa, y después introduciendo nuevas mejoras en el tratamiento de la dentadura infantil, así como técnicas que ayuden a los más pequeños a relajarse.

Una de estas novedades, quizá de las más sorprendentes, son las llamadas ‘gafas antipánico,’, unas gafas virtuales con auriculares incorporados que también valen para mayores, y que aíslan a los pacientes de lo que sucede a su alrededor mientras ven una película, escuchan música o ven una serie de dibujos animados. “Los niños suelen elegir dibujos animados, mientras que en pacientes adultos son más habituales lo documentales”, explican desde la clínica odontológica Ariño, donde han incorporado el uso de las ‘gafas antipánico’ a su servicio de odontopediatría, “aunque en realidad se puede reproducir cualquier película o música que el paciente quiera, si se solicita con antelación. Son especialmente aconsejables para niños porque con ellas no escuchan el ruido de la turbina”.

Junto a las gafas que permiten aislarse del ‘trajín’ de los dentistas, las consultas de odontología suelen desarrollar un plan completo que ayude a los niños a perder el miedo desde el mismo momento que entran por la puerta. “Ahora los doctores llevan pijamas de dibujos. Se crea un clima de confianza, primero con la visita para que el niño conozca al doctor y se le quiten los miedos. Y después con un sistema de anestesia indoloro”; la anestesia es precisamente uno de los principales miedos que suelen presentar los niños en las consultas de odontopediatría: “el primero es el ruido de los instrumentos que utilizamos, seguido de la misma anestesia, y los instrumentos que introducimos en boca”, explican.

¿Qué podemos hacer desde casa?

Aunque las consultas de odontología de hoy pongan todo de su parte para que la experiencia resulte lo más positiva para los ‘peques’, en casa también podemos ayudarles a rebajar la ansiedad si expresan abiertamente el miedo de pasar por el dentista. El principal consejo de los expertos es mantener al día el calendario de visitas, para poder prevenir (mucho más sencillo), antes que curar (si por ejemplo se tiene que realizar una extracción o solucionar una caries). “Cuanto antes se acuda a la revisión, menos tratamientos tendremos que realizar. Lo más importante para quitarse miedos es la prevención”. Algunos consejos prácticos para hacer la experiencia más fácil:

1. Evita que los niños tomen cualquier producto excitante (por ejemplo, con alto contenido en azúcar), y acuéstales temprano el día antes de la consulta.

2. Un consejo para mayores y pequeños es acudir a la cita con tiempo de sobra. Una vez en la sala de espera, podemos aprovechar ese tiempo para tranquilizar a los niños, sin prisas.

3. Entablar una relación de confianza con el odontólogo, para que se haga cargo de la situación. Hablando, la tensión se rebaja, y lo mismo pasa con los pequeños: les será más fácil, por ejemplo, ‘sobrevivir’ a un empaste si saben exactamente qué pasos va a seguir el dentista para sellar la caries.

4. Dependiendo del procedimiento que haya que realizar, en ocasiones es posible recurrir a la sedación odontológica. Esta técnica es una de las más frecuentes en pacientes que presentan alta ansiedad relacionada con el sillón del dentista, y, según especifican desde esta clínica, es particularmente útil para los niños, las mujeres embarazadas, y las personas mayores y discapacitadas.

Te invitamos a que eches un vistazo a un paciente nuestro experimentando su visita de otra forma más placentera en nuestra página de Facebook:

 

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Miedos y actitudes de los niños ante el dentista

Lo normal es que los niños se porten razonablemente bien a la hora de acudir al odontólogo. No obstante, conocer las causas que puedan hacer que tengan cierto temor nos permitirá ayudarles a superarlo:

• El miedo de los padres: No olvidemos que los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia, que principalmente son su padre y su madre. Por eso es fundamental que los padres no tengan miedo a acudir al odontólogo, y que si lo tienen, no se lo trasmitan al niño.

• El miedo al dolor: Muchos niños no acuden a la consulta hasta que hay un «problema grave», por lo que les duele, y están más focalizados en ese dolor. Lo ideal sería que los niños acudieran al dentista desde que son pequeños, que se hicieran revisiones periódicas para evitar complicaciones, y que se normalizara la visita al dentista, llegando a ser tan rutinaria como lo puede ser ir al pediatra.

• El miedo a lo desconocido: Los niños, al igual que los adultos, pueden tener un cierto miedo a lo desconocido. El niño va a un sitio que no conoce, y no sabe lo que le van a hacer, por lo que es importante que el ambiente que perciba en la clínica sea positivo y agradable.• La experiencia previa:

Cuando ha habido malas experiencias previas, es cuando el niño puede desarrollar miedo o fobia al dentista, y ese temor le hace estar nervioso y no permitir que el profesional realice su trabajo.Dejando los posibles miedos a un lado, hay determinados niños que plantean dificultades derivadas de la conducta, como pueden ser:

• Niños con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), a los que les cuesta estar quietos en el sillón dental.

• Niños carentes de normas y de límites, que no tienen interiorizada la autoridad, y retan incluso al dentista.

• Niños muy inseguros que a la mínima se asustan y no se ven capaces de «soportar» lo que les haga el odontólogo.

• Niños con padres muy permisivos, que delegan toda la responsabilidad en el dentista, y no exigen una mínima colaboración al menor.

¿Cómo ayudar al niño para que su visita al dentista sea lo más agradable posible?

Por regla general, los niños tienen una gran capacidad de observación. Incluso superior a la de los adultos. Es por eso que lo primero que van a hacer cuando lleguen a la consulta es fijarse en cómo está, en su decoración, su distribución, etc. Es aconsejable que en la sala de espera pueda haber alguna mesa y sillas pequeñas para que ellos se sienten, que tengan cuentos o tebeos… algo que les haga saber que allí van niños, lo que puede ayudar a que se tranquilicen.

Citar a varios niños seguidos también es otra práctica recomendable. Cuando el niño ve a otros niños, se normaliza la situación y, si además, el resto de niños se portan bien, obedecen al dentista y son «valientes» y no lloran, esto reforzará su conducta positiva.

Una vez que el niño está dentro, lo ideal es que pase solo a la sala, a no ser que se trate de un niño muy pequeño (bebés o niños menores de tres años que los padres tendrán que sujetar) o niños con necesidades especiales. No sólo porque de esta forma el profesional sólo tiene que atender al niño (hay padres que no dejar de hablar, preguntar, y demandan casi tanta atención como el niño); sino porque los niños se portan de forma diferente cuando los padres están delante (y generalmente suele ser peor).

Otra cosa que debemos tener en cuenta es que el niño va a valorar al profesional en cuanto entre por la puerta. Por lo que lo primero que deberemos hacer será ganarnos su confianza. Ayudará que vea que su dentista es agradable y amable, a la vez que firme y seguro.

Una vez que el niño está en el sillón, se le puede preguntar cómo se llama, cuál es su colegio, cuál es su equipo de fútbol favorito… de esta forma ayudaremos a que se genere un clima de confianza.

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Que el niño sepa lo que el profesional le va a hacer también puede ser positivo. No hay que darle todos los detalles, ni utilizar un lenguaje técnico, pero sí explicarle cosas que él pueda entender, como «ahora vas a abrir la boca, para que pueda revisar los dientes con ayuda de este espejito y ver si hay alguno que está picado». No hay que mentirle, pues perderemos toda la credibilidad. No le digamos que no le vamos a pinchar, si puede que necesite anestesia. Pero tampoco anticipemos ni le demos más información de la necesaria.

Una vez que se ha iniciado el proceso en sí, tenemos que conseguir que el foco de atención del niño no esté en sí mismo, sino que intentaremos mantener un foco de atención externo, para que no focalice la atención en lo que siente, no sólo por el dolor, sino por la percepción de sus nervios (la respuesta en una situación de ansiedad se dispara cuando el foco de atención es uno mismo).

Podemos entretener al niño preguntándole por sus juegos o deportes favoritos, o incluso plantearles una adivinanza, para que estén entretenidos y el foco de atención no esté en ellos mismos.

Una vez finalizado el proceso, es importante reforzar mucho al niño. Elogiar su conducta, lo bien que se ha portado… E incluso decírselo a los padres para que también puedan reforzarle. De esta forma, el niño se sentirá bien y no pondrá problemas para volver a la consulta.

Los adolescentes

Cuando el paciente a tratar es un adolescente, debemos tener en cuenta los cambios psicológicos que se producen durante la adolescencia:

En su desarrollo intelectual, destaca la potenciación del sentido crítico. Este hecho ocasionará muchas dificultades en las relaciones familiares, pero incluso puede hacer que surja tensión con el profesional. Surge una falta de reconocimiento de la autoridad, que les hace cuestionarse todas las normas establecidas por los adultos, aunque sea su dentista. Debemos entender que les falta la experiencia vital, lo que les lleva a defender posturas muy rígidas y extremas, y hace que desarrollen un sentido idílico de la justicia.

Su mundo se amplía. La familia pierde protagonismo a favor del grupo de los amigos. Necesitan marcar una diferencia con la etapa anterior en la que se les protegía y cuidaba, ahora «ya son mayores» y todo lo que antes admiraban de sus padres, pasa a ser juzgado y criticado. No obstante, no debemos confundirnos: a pesar de su aparente rechazo, todavía necesitan a los padres y precisan su cariño y comprensión. En este sentido nos podemos encontrar que hagan más caso a lo que les dicen sus amigos respecto al cuidado y a la higiene dental, que lo que les dice su dentista.

Su identidad está en crisis. Ellos se sienten débiles y en muchas ocasiones sacrifican sus decisiones y preferencias personales, en función de lo que el grupo tolere; si todo el grupo fuma o lleva una determinada indumentaria, también ellos tienden a hacerlo, para no quedar apartados.

Todo esto no implica que los adolescentes vayan a ser un grupo complicado de tratar en la clínica dental, pero conviene saberlo para actuar con ellos de la forma más adecuada posible. No podemos tratarlos como si fueran niños, pero tampoco vale jugar a ser sus «amigos o colegas», hay que ser amables y agradables (es fundamental ganarse su confianza), pero sin dejar de ser firmes, e informarles de lo que les vamos a hacer. Esto les dará seguridad y confianza. Y no dejemos de tranquilizarles y de mantener el foco de atención fuera de ellos, haciéndoles preguntas, planteándoles algún tema de conversación entretenido, etc., pues por la edad, puede que les dé vergüenza reconocer que tienen miedo o que están nerviosos, cuando sí que lo están.

Conclusiones

No olvidemos que es importante normalizar la visita al dentista, y que hay que trabajar desde la prevención, por lo que es oportuno planificar visitas rutinarias de revisión, aunque no haya dientes dañados. De esta forma, el niño lo vivirá como algo tan normal como ir al pediatra, y cuando sea adulto será más probable que siga acudiendo con asiduidad al odontólogo.

Hay que insistir en la importancia del cepillado y mostrar al niño y a sus padres cómo realizarlo de forma correcta, el modelado es muy importante para adquirir unos correctos hábitos de higiene buco-dental. Cuando se trabaja con niños, los padres tienen que tener muy claras las pautas de actuación. Hay que insistir que los responsables de que los niños adquieran unos correctos hábitos de higiene bucodental son ellos, y que cuanto antes se empiece mejor. Desde bien pequeños los niños tienen que aprender a lavarse los dientes después de cada comida, y a realizarlo de la forma correcta.

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Higiene bucal infantil por edades

Esta guía de salud oral para los primeros años de vida, basada en evidencia científica, es una propuesta para estandarizar criterios, los cuales se basan en la salud y no en la enfermedad.

Fig 1

Alrededor del cuarto mes de vida, antes que erupcionen los primeros dientes, se debe empezar con la estimulación oral mínimo 1

vez al día para acostumbrar al bebé a la manipulación de su boca e instaurar un hábito de higiene oral precoz. El masaje de las encías es, además, un gran estimulador de las funciones orofaciales.Para esta etapa se pueden utilizar dedales de silicona, gasas humedecidas en agua, pañitos especiales, etc (Figura 1).

Cuando erupcionen los primeros dientes se debe comenzar con el cepillado dental mínimo 2 veces al día, para el resto de la vida. El más importante es el cepillado antes de dormir.
Cuando erupcionen los primeros molares primarios, alrededor de los 18 meses, se debe optar por el uso del cepillo dental, el cual debe tener una empuñadura gruesa, cerdas suaves con las puntas redondeadas y un

Fig 2

tamaño compatible a la boca del niño. La técnica debe ser sencilla. Se recomienda a los padres
limpiar con especial énfasis las superficies dentales más susceptibles: las áreas de unión entre la encía y los incisivos superiores y las fosas y fisuras de los molares. La posición del adulto debe permitir una buena visibilidad de la boca, manteniendo siempre la cabeza del niño en una posición estable. Los padres pueden colocarse detrás del niño (Figura 2), sentarse en una silla si el niño está de pie o colocar la cabeza de su hijo entre las piernas.

 

 

 

Hilo dental

Fig 3

A partir de que existen contactos entre los dientes y/o molares, es indispensable pasar el hilo dental para lograr una buena limpieza bucal, ya que el cepillo no puede acceder a las zonas interproximales. Inclusive en niños con buenos hábitos de higiene bucal, observamos caries interproximales debido a la permanencia de alimentos entre dientes (Figura 3). Se pueden utilizar flossers (posicionadores de hilo) para facilitar esta tarea a los padres.

 

Pasta dental

La incorporación de la pasta dental fluorada en los hábitos de higiene oral diaria ha sido la verdadera responsable de la reducción en la prevalencia de caries en el mundo. Por ello, los niños que no estén utilizando pastas dentales fluoradas no estarán

Fig 4

recibiendo estos beneficios preventivos. Por otro lado, existe el riesgo de una fluorosis dental en niños pequeños que no hayan aprendido a escupir, debido a que muchos tragan cantidades excesivas de pasta. Por esta razón, se debe sugerir la introducción de pastas dentales fluoradas de acuerdo al riesgo de caries de cada niño. En niños menores de 2 años con bajo riesgo, se puede recomendar el cepillado dental sólo con agua, hasta que aprenda a escupir. En niños de esta edad con alto riesgo de caries, se recomienda el uso de pasta de 1000ppm de flúor en cantidad mínima (“granito de arroz” ó “raspada” sobre el cepillo). De este modo, si se utiliza la pasta fluorada en pequeñas cantidades, la cantidad que pueda ser ingerida es segura en términos de fluorosis dental y el beneficio anticaries se mantiene.

Todas las instituciones están de acuerdo en que pasados los 2 años (una vez que el niño haya aprendido a escupir), es imprescindible el cepillado con una pasta fluorada (1000-1450ppm) en cantidad equivalente a un guisante (Figura 4). Para

maximizar el efecto beneficioso del flúor en la pasta dental, se sugiere reducir o eliminar el hábito de enjuagarse con agua después del cepillado.

Uso de Flúor

El flúor es una herramienta segura y eficaz en la reducción de caries y en la recuperación de las desmineralizaciones del esmalte. Tiempo atrás se recomendó el flúor sistémico prenatal, sin embargo se comprobó que los efectos tópicos eran mejores y más controlables que los sistémicos; razón por la cual actualmente se desaconseja la prescripción de flúor sistémico durante el embarazo. Las decisiones en relación a la administración suplementaria de flúor siempre deben estar basadas en el riesgo individual de caries para decidir el tipo de administración de flúor (barnices geles, colutorios) y su frecuencia.

Visita al Odontopediatra

Todo niño debe ser visitado por un odontopediatra tras la erupción de los primeros dientes; o en su defecto, en el transcurso del primer año de vida, con el fin de establecer un “hogar dental” (Figura 8). Debemos explicar a los padres que mientras antes se establezca un “hogar dental”, menor será el riesgo de que su hijo desarrolle caries. En esta visita se determinará el riesgo de caries, se ofrecerá a los padres una orientación temprana de acuerdo a la edad del niño (Tabla), se elaborará un programa preventivo individualizado y se evaluará la necesidad de aplicaciones tópicas de flúor de acuerdo al riesgo individualizado de cada niño. El objetivo del hogar dental es fomentar una relación estrecha y continua entre odontólogo, niño y familia con el fin de mantener una buena salud bucal desde la infancia.

Sociedad Española de Odontopediatría en colaboración con la Dra. Camila Palma

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Pautas de higiene dental para nuestros niños

La educación basada en el control de los factores de riesgo debe ofrecerse no solamente a los padres y familiares, sino que también debe estar presente en todos los ambientes que rodean al infante: servicios sanitarios, guarderías, escuelas, programas comunitarios y políticos, etc. Dicha educación debe empezar precozmente, idealmente durante el embarazo y los primeros años de vida del niño.

Guías similares han sido publicadas anteriormente y sirven de modelo para la actual.

1. Lactancia Materna

Además de las múltiples ventajas nutricionales y psicológicas de la lactancia materna (LM), ésta también estimula un correcto crecimiento y desarrollo del aparato estomatognático. Si la LM es adecuada, el niño estará perfectamente alimentado hasta los seis meses, momento en el que se introduce la alimentación complementaria. Algunos estudios odontológicos recientes indican que la falta de la LM o un período corto de ésta, puede conllevar a alteraciones dentales y maxilares.

Por otro lado, a pesar de que la leche materna por sí sola no es cariogénica, la CIP puede presentarse en niños alimentados con LM, sobretodo si no existe una higiene oral adecuada, si las tomas son constantes y/o si los factores protectores de la saliva se encuentran reducidos, como ocurre durante el sueño (Figura 1). Por esta razón, a partir de la erupción de los primeros dientes, no se recomienda que el bebé ingiera leche durante el sueño por ser un factor de riesgo de CIP. En caso de que un niño se quede dormido mientras es alimentado, es importante que los padres limpien sus dientes inmediatamente después.

2. Uso del biberón

El biberón sólo debe ser utilizado como vehículo para la leche; los zumos e infusiones deben ser ofrecidos en tacitas.

Se desaconseja la adición de azúcar o miel al biberón por ser un claro factor de riesgo de CIP. De igual manera, a partir de la erupción del primer diente, no se recomienda que el bebé se quede dormido mientras toma el biberón. En caso de que un niño se quede dormido mientras es alimentado, se le deben limpiar los dientes antes de acostarlo para evitar la aparición de CIP.

Para la prevención de maloclusiones, se recomienda la tetina anatómica/ ortodóntica con un orificio pequeño. El uso del biberón debe abandonarse progresivamente hacia los 12 meses para fomentar el cambio de un patrón alimenticio de succión a masticación; razón por la cual los padres deben intentar que sus hijos beban de una taza hacia el primer año de vida. Con la erupción de los primeros molares, alrededor de los 18 meses, la masticación se vuelve más eficiente y es a partir de ese momento cuando se debe abandonar definitivamente el biberón. La persistencia del biberón puede favorecer un patrón de succión infantil; la aparición de una deglución atípica y posteriores maloclusiones.

3. Uso del chupete

El chupete se considera normal en las sociedades industrializadas para satisfacer necesidades de succión y seguridad. El chupete debe ser anatómico y limitarse a los 12 – 18 meses de edad, evitando sobrepasar los 2 años, debido a la asociación entre este hábito y la alteración en la posición lingual, que puede propiciar maloclusiones (Figura 2). Todo niño que persista con un hábito de succión no nutritiva (chupete o dedo) más allá de los 3 años o que presente maloclusiones antes, debe referirse a un odontopediatra.

 

4. Transmisión bacteriana

Los niños adquieren las bacterias cariogénicas de manera vertical de la saliva de sus madres o cuidadores, coincidiendo con la erupción de los primeros dientes o incluso antes. Mientras más temprana la colonización, mayor el riesgo de caries. Asimismo, los niños cuyas madres presenten mayores niveles de Estreptococos Mutans (EM), tienen riesgo de un contagio más temprano. Por ello se sugiere reducir los niveles de EM de la madre (idealmente durante el periodo prenatal) para reducir la transmisión bacteriana vertical.

Se recomienda a las madres, padres, hermanos y/o cuidadores evitar la transmisión de bacterias de su saliva a la boca del niño, minimizando hábitos tales como: compartir utensilios con el bebé (cucharas, cepillos dentales), limpiar el chupón con su saliva, soplar sobre la comida o dar besos en la boca, al menos durante los primeros años de vida.

5. Alimentación cariogénica

La CIP está estrechamente asociada con un consumo frecuente de carbohidratos fermentables. Cualquier tipo de azúcar consumido con frecuencia, en presencia de SM, puede ocasionar caries. Mientras mayor sea la frecuencia del piqueo o bebidas entre horas, mayor el potencial de desmineralización y mayor el riesgo de caries.

Por ello, se aconseja evitar toda fuente de azucares refinados durante los primeros dos años de vida, cuando el niño es más susceptible a establecer un proceso virulento de caries. Se debe informar y sugerir a los padres que eviten “azúcares ocultos” (leche chocolatada, galletas, bollería, jugos industriales, pan de molde o pan blando, patatas fritas embolsadas, refrescos de cola, etc). Se desaconseja de manera especial los azúcares entre comidas y los de consistencia pegajosa. Las recomendaciones actuales de una dieta saludable son compatibles con las sugeridas para mantener una buena salud oral, incluyendo la reducción de azúcares y su reemplazo por alimentos sanos como: queso, trozos de frutas y verduras crudas, pan integral, tortitas de maíz, yogurt natural, frutos secos; huevos duros, etc.

6. Higiene Oral

El factor clave para la prevención de la CIP es el hábito de higiene oral diario. Mientras más temprano se empiece con la higiene oral, menores las probabilidades de que el niño desarrolle caries. Los padres deben tener la información de cómo y cuándo empezar con la higiene bucal. Debe quedar claro que el cuidado de la boca de su hijo es responsabilidad suya, al menos hasta que el niño adquiera la habilidad motora suficiente. Se considera que el niño es autónomo a partir de los 7 – 10 años y a partir de este momento y hasta la adolescencia, es recomendable una supervisión en el cepillado nocturno.

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