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¿Es cierto que se puede perder sensibilidad del labio tras la extracción de una muela del juicio inferior?

Todas las muelas del juicio inferiores, también denominadas cordales inferiores, tienen una íntima relación con el nervio dentarío puesto que se encuentran inervadas por él, pero eso no significa que éste se vaya a dañar al extraerlas. De hecho, y por mi experiencia de muchos años de trabajo, tanto en la Seguridad Social como en la práctica privada de mi especialidad, puedo asegurar que estos casos son excepcionales y que diariamente se realizan cientos de exodoncias de este tipo en España sin que se refieran complicaciones importantes.

La complicación más seria de este tipo de intervenciones es, precisamente la pérdida de sensibilidad a la que nos referimos. Eso no significa que vaya a ocurrir obligatoriamente, sino que simplemente se debe advertir a los pacientes que es posible que se presente, ya que, por ley, es obligado notificárselo. De hecho, es muy improbable que la pérdida de sensibilidad se produzca si se toman las medidas necesarias para evitarlo. Esto es: la intervención la debe realizar un Cirujano con contrastada experiencia en estos casos; otra buena medida, si la radiografía panorámica ofrece alguna duda, es realizar un TAC para ver exactamente la relación de las raíces del cordal con el nervio dentarío pero, puedo asegurar que la mayoría de las veces esta prueba no es necesaria y, de hecho, no se indica de manera habitual. También en algunos y escogidos casos, se puede llevar a cabo la intervención con anestesia general o sedación, que reduce la angustia del paciente y facilita el trabajo del profesional, puesto que un movimiento intempestivo de la cabeza podría provocar una situación menos fácilmente controlable.

Por lo tanto, si el cordal en cuestión está dando problemas infecciosos y dolorosos repetidos, que llegan a ser difíciles de soportar por su potencial de provocar incapacitación, postración y dolor, debe plantearse su extracción y acudir sin ningún recelo al profesional que le inspire más confianza y dejar a su buen criterio la realización de esta intervención que, por otro lado, suele ser rutinaria, breve, indolora y resolutiva. Como colofón, me reafirmo en que en la exodoncia de los cordales inferiores patológicos, llevada a cabo por un Cirujano experto, minimiza la posibilidad de producir esas posibles complicaciones hasta no cobrar ninguna importancia en la gran mayoría de los casos.

Por último, me atrevo a comentar que las lesiones definitivas del nervio dentario (repito excepcionales) no suelen ser muy incapacitantes por la compensación sensitiva del nervio opuesto y, por tanto, se puede realizar una vida prácticamente normal. No se produce una parálisis facial como se comenta por parte de personas desinformadas, sino una pérdida de sensibilidad del labio afecto, perfectamente compatible con una vida ordinaria.

También es preciso hacer constar que otro tipo de intervenciones quirúrgicas en el mismo área pueden presentar como complicación esta anestesia del labio inferior. Este hecho puede ocurrir con más frecuencia cuando la propia lesión engloba al nervio y, en ocasiones, hemos constatado una afectación del mismo por la propia naturaleza de la lesión. Algunos ejemplos de intervenciones que pueden afectar al nervio serían: la extirpación de quistes mandibulares, resecciones de tumores o las reparaciones de las fracturas mandibulares. También hemos observado la anestesia del labio inferior tras la colocación de implantes osteointegrados, muchas veces por mala planificación y ejecución del caso por parte del profesional y otras como una complicación directamente provocada por la propia inflamación periimplantaria, hecho que, por otro lado, es totalmente inevitable e incontrolable por ser inherente a todo tratamiento quirúrgico.

PD: quede claro que las recomendaciones médicas por este medio tienen carácter meramente informativo sin que de ello pueda derivarse efecto jurídico vinculante alguno.

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Cirugía ortognática… ¿qué es?

Algunos pacientes presentan maloclusión (alteración en las relaciones entre los dientes de ambas arcadas o de las disposiciones de los mismos) acompañándose de una falta de armonía de los huesos de la cara, lo que les puede condicionar, tanto en sus funciones habituales (masticación, fonación, deglución…) como en su aspecto estético. Es lo que denominamos deformidad dentofacial. Esta condición, NO es patológica como tal pero puede provocar que el paciente sufra ciertas repercusiones en sus áreas de relación social y autoestima.

En muchas casos de maloclusión el tratamiento con ortodoncia soluciona el problema, pero cuando la afectación no se puede arreglar por medio de aparatos, la única aproximación a la resolución del caso es por medio de la Cirugía Ortognática.

La Cirugía Ortognática, realmente se compone de tres fases:

1.- La Ortodoncia prequirúrgica, para preparar las arcadas dentarias y alinearlas, es decir, que los dientes presenten una relación óptima con los maxilares que los acogen.

2.- La Cirugía, llevada a cabo en ambiente hospitalario, con anestesia general y con un tiempo de ingreso cifrado entre los dos y los cinco días, dependiendo del caso.

3.- La Ortodoncia postquirúrgica, habitualmente mucho más corta que la prequirúrgica, para terminar los últimos detalles.

Más recientemente se ha preconizado el uso de la cirugía antes de la ortodoncia, lo que en ciertos casos, acorta el tiempo total de tratamiento, percibiéndose desde el principio los cambios faciales y posteriormente ajustando la oclusión por medio de la ortodoncia postquirúrgica.

El acto quirúrgico en sí se desarrolla por dentro de la boca, por lo que no deja cicatrices visibles. Se realiza una fijación por medio de miniplacas y tornillos de titanio, que normalmente no es preciso retirar y de esta manera, el paciente comienza a ingerir alimentos por boca en las primeras 24 horas.

Los cambios ya son visibles al salir del quirófano aunque suele haber inflamación y hematomas en los primeros días. Los pacientes no refieren dolor intenso en ningún momento y el tratamiento médico consiste en antibióticos y antiinflamatorios durante una semana, normalmente en su domicilio. Aproximadamente en un mes, la reincorporación (antes, si sus labores habituales no requiere un gran esfuerzo físico) es la norma.

Los riesgos, habitualmente son los inherentes a cualquier intervención en esta área anatómica y serán convenientemente explicados por el Cirujano Maxilofacial al realizar la entrevista personal y dar el consentimiento informado pertinente.

Es preciso saber, que salvo raras excepciones, las deformidades dentofaciales no son incompatibles con la vida y la Cirugía Ortognática suele ser un tratamiento electivo, pero que puede mejorar mucho la calidad de vida del paciente y, fundamentalmente su actitud ante la misma, puesto que, la mayoría de las veces ofrece un salto cualitativo importante hacia adelante en su aspecto físico. Una grandísima parte de los pacientes se encuentra muy satisfecha con los cambios producidos después de la intervención.

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¿Existe el rechazo a los implantes dentales?

El rechazo de los implantes desde el punto de vista estrictamente médico NO existe, entendiéndose este hecho como la reacción inmunológica que provoca este elemento extraño al introducirse en el organismo y que provocaría la “expulsión” de ese implante.

Otra cosa es que en casos muy puntuales, en un porcentaje de alrededor del 4-5% de los implantes, simplemente no se integren (no “prendan”) en el hueso sin mediar ningún fenómeno objetivable ni, por tanto, predecible. Es decir, una vez esperado el periodo que todo implante necesita para integrarse (entre dos y cuatro meses dependiendo de múltiples factores), en el momento de colocar la prótesis se observa que ese implante tiene movilidad y, por tanto, no es capaz de soportar la carga de la prótesis para la que estaba prevista su colocación. Entonces, no conocemos la causa por la que ese pequeño porcentaje de implantes se pierde. Sin embargo, y este es un dato constatado a lo largo de muchos años de práctica clínica, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos, que una nueva colocación de implante en el mismo lugar tendrá casi todas las posibilidades de un éxito completo, siempre que se coloque a la persona adecuada, por parte del profesional adecuado y en las condiciones adecuadas.

Otra causa de pérdida de implantes incluye las infecciones del mismo o del hueso donde están alojados. Si el implante sustituye a un diente (o a un conjunto de ellos), cabe deducir que está sometido a las mismas enfermedades que pueden acaecer sobre las piezas dentarias que deberían estar en ese lugar. Si en el caso de los dientes naturales el proceso se denomina periodontitis, en el asunto que nos ocupa, se llama periimplantitis, siendo procesos similares y llegando en ambos casos sin los cuidados o tratamientos adecuados, a la destrucción del hueso subyacente y a la pérdida del diente o del implante.

Por ultimo es reseñable la sobrecarga excesiva que algunos hábitos parafuncionales como el bruxismo ejercen sobre los implantes. Se ha constatado que implantes perfectamente integrados y funcionantes han terminado perdiéndose por la excesiva presión que se provoca en estos casos. Por tanto es preciso evaluar la intensidad de bruxismo que presenta si el paciente que va a ser rehabilitado con implantes osteointegrados. En su caso habrá que tratar ese desorden, incluso con algún tipo de terapia psicológica y, ocasionalmente será preciso valorar el uso de mecanismos de contención por medio de férulas de descarga.

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Implantes en pacientes con falta de hueso: soluciones

Elevación de seno

El seno maxilar es una cavidad que se encuentra dentro del maxilar superior que entre otras, tiene la función de humidificar y calentar el aire que respiramos. Está tapizada por una membrana mucosa secretora de moco. En muchas ocasiones, la parte posterior del maxilar superior presenta una falta de altura ósea suficiente para permitir la inserción de implantes osteointegrados que faculten la rehabilitación con prótesis fija en pacientes que han perdido sus piezas dentarias. Esta falta hueso necesaria se puede deber a la pérdida del mismo asociada a la falta de dientes, a la excesiva neumatización del seno maxilar (cavidades sinusales muy amplias) o a ambas causas.

La técnica de la elevación de seno, realmente consiste en el levantamiento de la membrana que lo tapiza, rellenándolo, la mayoría de las veces con injertos de hueso sintético o “artificial”. Si se cumplen los criterios normalmente aceptados para ejecutar este procedimiento, es predecible y segura, permitiendo que se forme hueso “natural” nuevo que posibilite la inserción de implantes osteointegrados. En muchos caso la colocación de implantes se lleva a cabo el el mismo momento de la elvación del seno y en otras ocasiones, se debe realizar a posteriori.

 

Distracción ósea

Con los dispositivos de distracción ósea o distracción osteogénica podemos hacer “crecer” el hueso hasta el lugar que hayamos planificado previamente. Consisten en una especie de fijadores externos a modo de las técnicas que se realizaban hace más de cuatro décadas en los huesos largos de las piernas.

Se lleva a cabo una osteotomía (corte) en el hueso que queramos avanzar y cada uno de los fragmentos se sujeta con unas miniplacas de titanio, avanzando lentamente el segmento móvil por medio de un tornillo que moviliza el propio paciente a un ritmo de 1mm. diario aproximadamente, hasta el punto deseado. Se mantiene la estabilización durante 7-10 semanas para permitir la consolidación del hueso neoformado entre los dos fragmentos separados.

La ventaja fundamental de este procedimiento es que al mismo tiempo que hacemos crecer el hueso en una dirección prefijada, los tejidos blandos (encía) lo acompañan en su crecimiento, consiguiendo un resultado global muy satisfactorio.

De todas formas, lo engorroso de la técnica quirúrgica y la necesidad de una colaboración muy exquisita por parte del paciente, hacen que reservemos la distracción para casos muy específicos y no sea la primera que tenemos en cuenta a la hora de planificar un tratamiento de reposición dentaria.

 

Implantes cigomáticos y pterigoideos

Los implantes zigomáticos (o cigomáticos) y pterigoideos son dos tipos de implantes largos que se utilizan cuando el paciente presenta una cantidad o calidad de hueso insuficiente para anclar implantes de dimensiones regulares. En estos casos se recurre a huesos de mayor dureza, como los que están en la zona de los pómulos, para anclar los implantes, ya que éstos mantienen siempre su dureza y densidad.

 

La principal característica de estos implantes es que se colocan en dos huesos que no se reabsorben nunca, el zigomático, en el caso de los implantes zigomáticos y el pterigoideo, en el caso de los implantes pterigoideos. Por lo que pueden ser utilizados incluso en las atrofias más severas del hueso maxilar. Además, los implantes zigomáticos y petrigoideos son especiales también por su longitud, mucho más larga que la de los implantes convencionales. Así, los zigomáticos presentan una longitud de 30 a 55 mm y los pterigoideos de 15 a 20 mm, una longitud pensada para asegurar un correcto anclaje en el hueso.

El tratamiento con implantes zigomáticos o pterigoideos presenta tres grandes ventajas:

  • Es una buena alternativa a la colocación de injertos óseos en las grandes reabsorciones maxilares.
  • Acorta el tiempo de tratamiento de forma segura, rápida y cómoda para el paciente.
  • Permite asegurar una mejora estética a cualquier paciente, independientemente de la calidad de hueso que tenga para colocar los implantes dentales. Sin embargo, en según que casos, hay que tener en cuenta, también que la colocación de este tipo de implantes, zigomáticos (cigomáticos) o pterigoideos, va acompañada, a veces, del uso de implantes normales, dependiendo de la cantidad y calidad de hueso que disponga el paciente.

¿QUIÉNES SON CANDIDATOS A IMPLANTES ZIGOMÁTICOS Y PTERIGOIDEOS?

Todos aquellos pacientes que presenten reabsorción de hueso en la región de la mandíbula o el maxilar tras la pérdida de dientes, ya sea por factores generales como el sexo o la edad, o locales como los traumatismos o las enfermedades de metabolismo óseo. Estos cambios en la estructura ósea deben tenerse en cuenta en el diagnóstico y planificación del tratamiento con implantes dentales.

CDC ofrece una larga experiencia en el ámbito de la Implantología, especializados en la colocación de implantes especiales como los zigomáticos o pterigoideos. Gracias a ello actualmente es posible devolver a todos los pacientes la calidad de vida que se merecen.

 

Injertos óseos

Por suerte, las nuevas técnicas de regeneración ósea y la obtención de injertos del propio paciente, permiten hoy en día colocar implantes en zonas en las que no hace mucho tiempo este hecho sería impensable.

La diferentes técnicas quirúrgicas incluyen: el relleno óseo como por ejemplo en los casos de elevación del seno maxilar; los injertos de interposición (inlay) insertando material en el hueso alveolar para retomar los límites previos a la afectación ósea y; los de aposición (onlay) en los que colocamos directamente el hueso, habitualmente en bloques, sobre la zona a regenerar.

Los injertos más ampliamente utilizados en la actualidad y de manera prácticamente rutinaria, engloban: los obtenidos de la calota (parte externa del cráneo), cresta iliaca o cadera, mentón mandibular y diversas áreas de ambos huesos maxilares (rama ascendente de la mandíbula, tuberosidad maxilar…etc). El mayor inconveniente radica en que tenemos que abordar una zona donante y ello provocará una cierto disconfort aunque éste, la mayoría de las veces será muy poco relevante, sobre todo si la comparamos con los beneficios obtenidos.

Por otro lado, existe en el mercado una amplia cantidad de injertos denominados “artificiales”, fundamentalmente de origen animal y sintético que se utilizan, en casos específicos, solos o combinados con otros métodos para la regeneración tisular guiada como las membranas o el plasma sanguíneo rico en plaquetas. Estos últimos no presentan la predictibilidad de los anteriores y su ventaja radica fundamentalmente en que no necesitamos obtenerlos del mismo paciente, recortando tiempos quirúrgicos y provocando una menor morbilidad, con menor tasa de complicaciones.

Cada tipo de injerto tiene su indicación, pero si nos tenemos que decantar por un tipo de ellos, las mayores tasas de éxito se consiguen con los obtenidos del propio paciente.

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CDC se desplaza a Bélgica para asistir a un curso de estética dental

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra Dra. Isabel Carreño tuvo el placer de asistir a un curso de estratificación de la mano de GC Dental Materials, con la Dra. Simone Moretto.

En el vídeo que podréis observar a continuación, muestra la complejidad y la minuciosidad en las técnicas restauradoras de los dientes anteriores para conseguir un bonito resultado natural que se funda con la realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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