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Deje de sentirse culpable por no usar hilo dental.

Da pereza, es incómodo, e incluso a veces nos acaban sangrando las encías, pero todos asumimos que hay que pasar el hilo dental porque así lo dicen los dentistas. Invertimos unos 730 minutos al año (2 al día) frente al espejo, tratando de eliminar los restos de comida que se han quedado entre los dientes, pero… ¿Y si de repente le dicen que ha estado tirando ese tiempo a la basura? ¿Y si resulta que ya es suficiente con el cepillado de toda la vida? Entre los odontólogos hay tres corrientes claramente diferenciadas:

Los que creen que el hilo está sobrevalorado

Aunque la duda sobre su uso ha existido siempre, la caja de pandora se abrió oficialmente con una revisión de 11 estudios publicada en 2008 en Cochrane, que cuestiona la utilidad real del uso de hilo dental para acabar con la placa bacteriana y prevenir las caries y la gingivitis (inflamación de las encías) por “falta de evidencia científica”. Años después, otra investigación del departamento de Investigación en Salud y Biomedicina de la Universidad de Split, en Croacia, aclaró que la seda puede servir para reducir la inflamación, pero su efecto sobre la placa, tras un uso de uno a tres meses, resulta insignificante. Todo esto ha llevado a que organismos como la Federación Europea de Periodontología hayan zanjado que el uso del hilo dental no tiene beneficios claramente demostrables.

 

Los fans incondicionales

A pesar de estas dudas, la Asociación Dental Americana (ADA) sigue considerando este instrumento como parte esencial de la limpieza diaria: “La caries dental y la enfermedad de las encías pueden desarrollarse cuando se permite que la placa se acumule en los dientes y a lo largo de la línea de las encías. Se ha demostrado que la limpieza profesional, el cepillado de las piezas y la limpieza entre los dientes interrumpen y eliminan la placa”.

Iván Malagón, odontólogo y director de Iván Malagón Clinic, está de acuerdo con la ADA: “El hilo dental es un elemento más que debemos usar para conseguir una higiene bucodental completa. Su correcto uso ayuda a mantener los puntos de contacto entre los dientes y los espacios interproximales libres de placa y de restos de alimentos, lo cual es absolutamente necesario para que no se produzcan caries a medio o largo plazo en esas zonas, que podrían pasar desapercibidas porque no duelen hasta que son muy profundas. Asimismo, el hilo evita que se inflamen las encías al limpiar las zonas interdentales”. Respecto a la frecuencia de uso, Malagón es tajante: “Es absolutamente necesario su uso diario. Con una vez al día es suficiente. Yo recomiendo usarlo antes de cepillar los dientes, después de cenar”.

Los que proponen una alternativa

Por su parte, Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas, también está a favor de la limpieza interdental, pero con matices: “El cepillo tradicional —manual o eléctrico— es muy útil para eliminar la placa en las superficies dentarias, pero no consigue penetrar y limpiar los espacios entre las piezas, donde se puede originar inflamación gingival, sangrado, riesgo de periodontitis y de caries”. Ahí entra la higiene interdental diaria… Pero también los matices. Castro Reino opta por los cepillos interdentales: “Los resultados de los estudios que comparan el uso de la seda dental con ese tipo de cepillos son concluyentes a favor de estos últimos, en cuanto al control de la inflamación gingival, reducción del sangrado y disminución de la bolsa periodontal [el espacio patológico entre encías y dientes]”.

Entonces… ¿qué hago?

Es importante llevar una buena higiene dental e interdental, pero el instrumento que hay que usar no es tan evidente. Lo más adecuado es dejarse aconsejar por cada dentista, y hacer un uso correcto de la herramienta utilizada. “En el caso de recurrir a la seda, es muy importante ser instruido en la técnica para evitar lesionarse la encía, el llamado ‘latigazo de la seda’. Si se emplea el cepillo interdental, es clave elegir el diámetro adecuado en función del espacio disponible”, concluye el presidente del Consejo General de Dentistas.

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Deje de sentirse culpable por no usar hilo dental

Da pereza, es incómodo, e incluso a veces nos acaban sangrando las encías, pero todos asumimos que hay que pasar el hilo dental porque así lo dicen los dentistas. Invertimos unos 730 minutos al año (2 al día) frente al espejo, tratando de eliminar los restos de comida que se han quedado entre los dientes, pero… ¿Y si de repente le dicen que ha estado tirando ese tiempo a la basura? ¿Y si resulta que ya es suficiente con el cepillado de toda la vida? Entre los odontólogos hay tres corrientes claramente diferenciadas:

Los que creen que el hilo está sobrevalorado

Aunque la duda sobre su uso ha existido siempre, la caja de pandora se abrió oficialmente con una revisión de 11 estudios publicada en 2008 en Cochrane, que cuestiona la utilidad real del uso de hilo dental para acabar con la placa bacteriana y prevenir las caries y la gingivitis (inflamación de las encías) por “falta de evidencia científica”. Años después, otra investigación del departamento de Investigación en Salud y Biomedicina de la Universidad de Split, en Croacia, aclaró que la seda puede servir para reducir la inflamación, pero su efecto sobre la placa, tras un uso de uno a tres meses, resulta insignificante. Todo esto ha llevado a que organismos como la Federación Europea de Periodontología hayan zanjado que el uso del hilo dental no tiene beneficios claramente demostrables.

 

Los fans incondicionales

A pesar de estas dudas, la Asociación Dental Americana (ADA) sigue considerando este instrumento como parte esencial de la limpieza diaria: “La caries dental y la enfermedad de las encías pueden desarrollarse cuando se permite que la placa se acumule en los dientes y a lo largo de la línea de las encías. Se ha demostrado que la limpieza profesional, el cepillado de las piezas y la limpieza entre los dientes interrumpen y eliminan la placa”.

Iván Malagón, odontólogo y director de Iván Malagón Clinic, está de acuerdo con la ADA: “El hilo dental es un elemento más que debemos usar para conseguir una higiene bucodental completa. Su correcto uso ayuda a mantener los puntos de contacto entre los dientes y los espacios interproximales libres de placa y de restos de alimentos, lo cual es absolutamente necesario para que no se produzcan caries a medio o largo plazo en esas zonas, que podrían pasar desapercibidas porque no duelen hasta que son muy profundas. Asimismo, el hilo evita que se inflamen las encías al limpiar las zonas interdentales”. Respecto a la frecuencia de uso, Malagón es tajante: “Es absolutamente necesario su uso diario. Con una vez al día es suficiente. Yo recomiendo usarlo antes de cepillar los dientes, después de cenar”.

Los que proponen una alternativa

Por su parte, Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas, también está a favor de la limpieza interdental, pero con matices: “El cepillo tradicional —manual o eléctrico— es muy útil para eliminar la placa en las superficies dentarias, pero no consigue penetrar y limpiar los espacios entre las piezas, donde se puede originar inflamación gingival, sangrado, riesgo de periodontitis y de caries”. Ahí entra la higiene interdental diaria… Pero también los matices. Castro Reino opta por los cepillos interdentales: “Los resultados de los estudios que comparan el uso de la seda dental con ese tipo de cepillos son concluyentes a favor de estos últimos, en cuanto al control de la inflamación gingival, reducción del sangrado y disminución de la bolsa periodontal [el espacio patológico entre encías y dientes]”.

Entonces… ¿qué hago?

Es importante llevar una buena higiene dental e interdental, pero el instrumento que hay que usar no es tan evidente. Lo más adecuado es dejarse aconsejar por cada dentista, y hacer un uso correcto de la herramienta utilizada. “En el caso de recurrir a la seda, es muy importante ser instruido en la técnica para evitar lesionarse la encía, el llamado ‘latigazo de la seda’. Si se emplea el cepillo interdental, es clave elegir el diámetro adecuado en función del espacio disponible”, concluye el presidente del Consejo General de Dentistas.

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Toque maestro en lo implantes dentales

Álvaro Bastida Freijedo es médico estomatólogo que cuenta con veintiocho años de experiencia ejerciendo la odontología en Vigo. Su pasión por la eficiencia terapéutica le ha llevado a desarrollar un sistema de implantología dental —denominado FILO System— que ha despertado gran interés en dentistas de Europa, América, Asia y África. Estos profesionales, además de asistir a las conferencias del Dr. Bastida en diversos lugares del mundo, también acuden a sus aulas clínicas en Vigo y Ourense para aprender las técnicas.

Para este odontólogo gallego, “la cirugía moderna debe tender hacia operaciones mínimamente invasivas, porque son menos cruentas y mucho más cómodas para los pacientes, tanto durante la intervención como en el postoperatorio. Y la implantología dental no debe ser una excepción”, subraya el doctor Bastida.

Ya en su etapa de especialización, se sumergió en los trabajos de varios reconocidos implantólogos europeos, como Stephano Tramonte, Dino Garbaccio o Ernst Bauer, todos ellos pioneros en la implantología mínimamente invasiva. “Me interesaban mucho dos aspectos de su obra. Primero, porque ya en los años 60 y 70 colocaban sus implantes a través de pequeños orificios en la encía, sin necesidad de bisturí ni puntos de sutura y con un postoperatorio sin sangrado, hinchazón o hematomas. Y, porque utilizaban un implante especial, hecho en una sola pieza, que no necesitaba conexiones, oquedades ni tornillos internos, típicos de los implantes habituales de dos piezas”, explica Bastida.

 

Este enfoque mínimamente invasivo cumplía muy bien los criterios de eficiencia que siempre han guiado la evolución profesional del doctor Bastida; pero había que ponerlo a la altura del siglo XXI. “Poco a poco fui diseñando y desarrollando mis propios protocolos, técnicas e instrumental: planificación específica con TAC digital, compactadores óseos atraumáticos, implantación en casos con poco hueso o elevación transgingival del seno maxilar”, cuenta el odontólogo.

El conjunto de todos estos protocolos, técnicas e instrumental, estrechamente relacionados entre sí, define lo que hoy conocemos como Sistema FILO. “Lo bauticé con un acrónimo formado por las iniciales de los nombres en inglés de los principios técnicos en los que se basa: Flapless (cirugía sin bisturí ni sutura); Inmediate Loading (dientes desde el primer día) y One-piece (uso de implantes de una pieza). Hoy día resuelvo todos mis casos clínicos con este enfoque”, afirma Álvaro Bastida.

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La aterosclerosis podría estar causada por una bacteria de la boca y no por la dieta

Las enfermedades cardiovasculares constituyen, con cerca de 17,5 millones de decesos solo en 2012, la primera causa de mortalidad en todo el planeta. Unas enfermedades entre las que cabe destacar la aterosclerosis, patología causada por la deposición e infiltración de lípidos en las paredes de los vasos sanguíneos. El resultado es un ‘endurecimiento’ de las paredes de los vasos y la formación de unas placas –las consabidas ‘placas de ateroma’– que, además de dificultar un flujo adecuado de la sangre, pueden romperse y provocar un trombo –y, por ende, un infarto de miocardio o un ictus–. De ahí la importancia de evitar el exceso de grasas –o lo que es lo mismo, de lípidos, caso sobre todo del colesterol– en la dieta. Sin embargo, hay muchas personas que abusan de las comidas ricas en grasas y no parecen desarrollar esta enfermedad. Y esto, ¿cómo se explica? Pues según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Connecticut en Storrs (EE.UU.), porque los lípidos que se depositan en las arterias y venas no proceden solo de la dieta, sino también de una bacteria que habita en nuestra cavidad oral. Un resultado que, entre otras cuestiones, podría explicar la relación de la periodontitis o ‘enfermedad de las encías’ con las patologías cardiovasculares.

Como explica Frank C. Nichols, director de esta investigación publicada en la revista «The Journal of Lipid Research», «nuestros resultados sugieren que una bacteria comensal de la familia ‘Bacteroidetes’ que habita en el intestino y la cavidad oral puede contribuir a la patogénesis de la aterosclerosis a través del metabolismo y la deposición de lípidos en las paredes arteriales».

Para llevar a cabo el estudio, cuyo objetivo fue evaluar la posible relación entre la periodontitis y la aterosclerosis, los autores llevaron a cabo un minucioso análisis químico de las placas de ateroma obtenidas de pacientes hospitalizados. Y lo que vieron es que algunos de los lípidos presentes en las placas no tenían una procedencia animal –o lo que es lo mismo, no tenían su origen en la dieta–. Por el contrario, estos lípidos contenían cadenas ramificadas y números impares de átomos de carbono, algo que resulta ciertamente inusual en los lípidos producidos por los mamíferos. Entonces, estos lípidos tan ‘extraños’, ¿de dónde proceden? Pues de acuerdo con su composición química, se trata de los lípidos típicamente producidos por las bacterias de la familia ‘Bacteroidetes’, residentes en nuestra boca e intestino.

 


Una bacteria que habita en la cavidad oral puede contribuir a la patogénesis de la aterosclerosis mediante la deposición de lípidos en las paredes arteriales


 

Como refiere Xudong Yao, co-autor de la investigación, «las diferencias químicas entre los lípidos humanos y los bacterianos dan lugar a diferencias sutiles en el peso de estas moléculas. Así, hemos utilizado estas diferencias en el peso y modernos espectrómetros de masa para medir la cantidad de lípidos bacterianos asociados a la aterosclerosis en las muestras humanas. El establecimiento de esta asociación es un primer paso para el empleo de los lípidos en el diagnóstico temprano de la enfermedad».

En este contexto, y una vez se forman las placas de ateroma en los vasos sanguíneos, ¿el organismo no hace nada al respecto? Pues sí. Detectado el problema, el sistema inmunitario pone en marcha una respuesta inflamatoria: los macrófagos y otras células inmunes se introducen en los vasos para ‘comerse’ los lípidos y, así, destruir las placas. En muchas ocasiones, sin demasiado éxito. Y es que en su labor de ‘limpieza’, las células inmunes se multiplican y, lejos de cumplir con su cometido original, acaban ‘anclándose’ y engrosando estas placas, acelerando el desarrollo de la aterosclerosis.

Como apuntan los autores, «en este caso, es posible que, quizás, el sistema inmune desencadene la inflamación porque cuanto se encuentra con los depósitos lipídicos en las paredes arteriales reconoce que estos lípidos no tienen un origen humano».

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